Simple por fuera. Un sistema contable completo por dentro.
Vos contás qué pasó con tus palabras — cobré, gasté, pagué, contraté — y el motor contable de COTA arma todo solo: los números siempre cierran. Sin asientos, sin jerga, sin configuración.
Tu parte entera son tres pasos, cero contabilidad:
Nombre, cliente y presupuesto por rubros — los rubros ya vienen armados. ¿Obras en marcha? Traé tu Excel y arrancás con todo adentro.
Cobraste, gastaste, pagaste, contrataste o ajustaste: lo anotás en segundos, desde la obra o desde tu casa.
La C de cada obra te muestra el presupuesto; el panel de tu estudio, la película completa. Vos decidís con los números a la vista.
Anotaste, y ahí terminó tu parte: cada carga suma al rubro, mueve la caja y actualiza las cuentas corrientes. Así cambia el día a día:
Pagás y lo cargás ahí mismo: veinte segundos, comprobante adjunto, y la obra te muestra cómo quedó. El domingo a la noche vuelve a ser tuyo.
Lo cargás como adicional antes de bajarte de la camioneta y queda en su cuenta corriente. Se cobra, no se regala.
«Pagué yo», un toque: queda anotado en la obra, y cuando cobrás, esa plata vuelve.
Lo cargás primero y COTA te muestra cómo queda el rubro antes de firmar. Si se pasa, lo ves ahí, no en la rendición final.
El número final lo venías viendo todos los días.
Cada obra tiene su anillo: se llena con el presupuesto usado y vira de verde a rojo. El desvío se ve al comprometer, no cuando la plata ya salió. Y por rubro: sabés dónde te estás pasando, no solo cuánto.
El cliente te paga en dólares, al corralón le pagás en pesos, la mano de obra cobra por Mercado Pago. COTA habla ese idioma: monedas conviviendo con el dólar cotizado al día, contratos que se actualizan (porque acá los presupuestos no son de mármol) y los rubros de obra que ya conocés, armados de entrada. Ningún software americano entiende tu obra. Este sí.
Perfecto: lo traés. Importás tus obras en marcha con presupuestos y saldos, y arrancás con todo adentro. Tu Excel no muere — se jubila con honores.
Por eso cargar en COTA cuesta menos que anotarlo en el cuaderno: un botón, una pregunta, 20 segundos. Arrancás con tus obras en marcha ya adentro, y no depende de tu memoria: los avisos te llegan por WhatsApp aunque tengas la app cerrada.
No hace falta. Vos contás qué pasó con tus palabras — cobré, gasté, pagué — y el sistema contable trabaja abajo, donde no lo ves.
Le mostrás un estado prolijo de su obra: la plata entró y se gastó en esto. La rendición al comitente deja de ser un finde entero de Excel.
¿Por qué? Hacé la cuenta con una obra chica:
Un solo desvío visto a tiempo paga años de suscripción. COTA es uno solo, con todo incluido, y elegís cómo pagarlo: todos los planes arrancan con 14 días gratis.
El setup inicial: un contador experto de COTA toma tu Excel y te entrega la cuenta armada, con tus obras en marcha, presupuestos y saldos cargados.
Sin tarjeta para probar · cancelás cuando quieras.
La app que abrís antes de firmar un contrato, antes de pagarle al corralón, y cuando te preguntás cuánto ganaste en el año. Probalo gratis 14 días, o agendá una demo de 20 minutos y te mostramos tu obra adentro de la app.